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Barracas. La ciudad olvidada

6 Abr 2011 Ana María

Españoles sin trabajo, sin casa, amenazados de muerte y con hambre empezaron a llegar a Barcelona hacia 1945, unos años después de finalizada la guerra civil, en busca de trabajo y vivienda digna, poniendo en la ciudad todas sus expectativas de futuro como si se tratara de la «tierra prometida». Ocuparon terrenos vacíos  y construyeron pequeñas casas de madera de 3 m² en  lo que hoy son la zona alta de El Carmel, la montaña de Montjuic, la playa de la Vila Olímpica, la Diagonal del Corte Inglés y el Museu Blau del Fórum. El documental Barracas. La ciudad olvidada, dirigido por Alonso Carnicer y Sara Grimal y producido por la televisión catalana en el año 2009 (y publicado en esta famosa web), reconoce una realidad que muchos desconocen: la existencia de espacios de miseria en la Barcelona del siglo XX.


Miles de inmigrantes del sur y del centro de España llegaron a Barcelona buscando trabajo, casa y comida.


Las primeras barracas del Somorrostro


Barracas en la montaña de Montjuic, en los alrededores del cementerio

El documental es un relato en primera persona de habitantes de esas barracas que ya no quedan; los protagonistas nos sumergen en una Barcelona poco acogedora, en esos lugares marginados a los que no llegaba la luz, el agua o la salud. Sin embargo, ellos mismos aseguran que vivían mejor en Barcelona, en ranchos de madera, que en sus lugares de origen. La narración se apoya en imágenes inéditas y otras actuales, de manera que se llega a entender la vida cotidiana –con sus temores y alegrías– de los habitantes de esos tugurios. Los barraquistas eran personas necesarias durante el día, como mano de obra en las pujantes fábricas de la ciudad, pero totalmente inexistentes en la noche. No obstante, muchos fueron tratados como ilegales y eran despedidos constantemente de sus trabajos por no presentar el contrato de la casa en la que vivían.

La Barcelona de las barracas es otra ciudad, una pobre y fea, borrada de la historia reciente. Pero miles de familias convivieron en esos barrios, apartadas completamente de las comodidades básicas y de esa cultura insignia de la ciudad. Una de las narradoras no perdona que nadie le hubiera contado que ese parque en el que jugaba con sus amigos, el Parc Güell, era una joya arquitectónica diseñada por Gaudí. Otra recuerda cómo el mar se convirtió en cloaca, vertedero y ducha. Otros, que la vida se hacía en la calle porque en las casas no había espacio nada más que para dormir.


La vida en el Somorrostro: barracas y agua


Derribos en El Carmel

Por años, funcionarios del gobierno aparecían durante el día en estos barrios y, a pico y pala, tiraban abajo las casas que parecían desocupadas. Y también en esta época, los grandes eventos fueron motivo de renovación urbana: con el Congreso Eucarístico, las barracas de la Diagonal desaparecieron en menos de 24 horas y sus habitantes fueron trasladados a pisos temporales en Can Clos. Por otra parte, en el Somorrostro (la actual playa de la Vila Olímpica), el mar se empezó a llevar las barracas así que los reubicaron en el estadio de Montjuic; alrededor de 200 familias establecieron sus departamentos con sábanas como muros divisorios. En Montjuic alcanzaron a ocupar toda la montaña hasta los pies del Castillo, alrededor del Palau Sant Jordi y del Cementerio; hoy parece que nunca hubiera sido un barrio de viviendas. Otras zonas de barracas, como El Carmel y el Camp de la Bota (actual Museu Blau del Fórum) existieron hasta los años 1990, cuando los reubicaron en pisos de nueva construcción.


Vista del Somorrostro desde el paseo marítimo


Las barracas de Montjuic rodeaban el estadio

Para los directores, el objetivo de fondo de Barracas. La ciudad olvidada es sacar a la luz una ciudad que parece olvidada a propósito, como si se tratara de «una mancha sucia en esta ciudad del diseño». Esas historias dramáticas, de gentes que vivieron en condiciones infrahumanas, que dormían en pequeñas camas con otras 5 personas, que iban a la iglesia porque repartían kilos de comida, que buscaron un lugar digno para vivir, son historias trascendentales de nuevos barceloneses que aportaban riqueza a la ciudad pero que para la ciudad eran un lastre. Desde este espacio seguimos con la voluntad de reconocer que existen otras Barcelonas y que, a pesar del tiempo, las barracas del siglo XX no han dejado de existir: han mutado en los pisos-patera del siglo XXI.

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5 Comentarios »

  • Olga Lucia Gomez :

    Interesante conocer cómo familias de “desplazados” fueron ubicadas y mejoraron sus condiciones de vida.
    Todavía estamos viviendo esas tragedias en Latinoamérica.
    Cordial saludo
    Olga Lucia Gomez

  • Ana María (author) :

    Olga Lucía: en el caso de estos desplzados españoles del siglo XX, la reubicación tardó varias décadas pero se hizo. Los desplazados de hoy vienen de otros países y otros continentes: sin dinero, sin trabajo y con hambre. Ahora no ocupan la playa, cuevas o montañas; conviven en pisos-patera, cajeros automáticos y parques. La tragedia continúa…

  • Carlos :

    Que sentido tienen para algunos, las palabras; solidaridad, igualdad, fe, religion, dios, humanidad, valores, cuando muchas veces el ser humano es tan poco considerado con sus semejantes, construyendo iglesias mientras otros duermen en la calle.

  • PEPITO :

    Buenos días a todos que puedan leer mi pequeño relato, yo soy uno de tantos que nací en 1942 en un pueblecito de la provincia de Sevilla, ya os podeis imaginar cuando mis padres nos trajeron a Barcelona, madre madre mia el hambre que había aquí posiblemente mucha gente no me crea, había hambre y miseria por doquier, nos tuvimos que ir a vivir a CAN VALERO GRANDE a la calle Torrente de la Animeta nº 18 cerquita del consultario del Doctor Maldonado, pues bien todo y mas que yo os pudiera contar es poco, aquí había gente de todas las regiones de España gente no tan buena, buena y buenísima llegué a conocer y a estudiar el pensamiento y las ideas de esta buena gente, aquí también hice de buenas amistades con nuestros vecinos me acuerdo de la Sra. Martina con sus hijas e hijo que por cierto Martina hija era guapa, guapa, guapa, La Sra. Manuela con sus hijas Nandi y la Elvira, Sra Rosario y Sr. Juan padres del Gafas, Luis y Gertrudis y luego Mary la lechera y una muy bonita que por cierto no me hizo caso la ” Milagritos”
    hermana de la Angeles mujer trabajadora donde las pudieran haber y por cierto muy guapa también. Seguiré otro dia con mi segunda parte.Graciaas

  • MANUEL :

    EL COMENTARIO DE PEPITO ,ERAMOS VECINOS PERO AHORA SOLO
    PEPITO, NO CAIGO, NOSOTROS VIVIAMOS EN EL Nª 19 DE LA CALLE ANIMETA
    Y MI MADRE ERA LA Sra, CARMEN ,y hermano del juarma,
    todas esas personas que comentan eran conocidas nuestras
    un abrazo compañero barraquista de can valero

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