Térmica Sant Adrià*
* Por Gorka Marcuerquiaga, arquitecto.
Hace apenas unos meses, la central térmica de Sant Adrià dejó definitivamente de producir energía al ser sustituida por la nueva central de ciclo combinado del Besós. Conocida popularmente como las tres torres, sus doscientos metros de altura las convierte, aún hoy en día, en las estructuras más altas de todo el litoral metropolitano, superando ampliamente las dos torres de la Villa Olímpica, los rascacielos de Diagonal Mar y, por supuesto, el afamado hotel vela. De hecho, en toda Cataluña, solo existe una construcción más alta: la magnífica torre de telecomunicaciones de Norman Foster.
Construidas en los años setenta, sus más de treinta años de vida las han convertido en un referente territorial ineludible y, pese a sus aparentemente negativas connotaciones, en seña de identidad y me atrevería a decir en motivo de orgullo para los habitantes de la siempre castigada Sant Adrià.
Barcelona, pese a ser una ciudad compacta y densa, se caracteriza por una trama urbana de baja altura. Las escasas construcciones verticales se tornan inmediatamente en hitos de una mayor trascendencia que en otros lugares. En las últimas dos décadas, el ayuntamiento parece haberse obstinado en ignorar esta realidad, trufando la ciudad de actuaciones en altura no siempre acertadas.
Las torres de la central tienen la altura que necesitan, ni un metro más. Su límite no lo estableció ninguna oficina urbanística, simplemente se trató de superar las capas de aire más estancado para asegurar la eficaz disipación del vapor emitido. Por supuesto, su forma no fue diseñada: surgió de forma natural de la propia configuración interna. Sin embargo, su estilizada figura y su no menos contundente presencia, pese a responder únicamente a factores técnicos, modificó de forma definitiva la percepción del litoral metropolitano. No sabría decir si mejoró o empeoró, únicamente que desde su construcción cambió para siempre.
Una vez desconectada la central, el ayuntamiento de Sant Adrià decidió llevar a referéndum el futuro de las tres torres. El 82% votó por mantenerlas en pie, aun desconociendo el uso que se les pudiera adjudicar. Los responsables municipales parecen encaminados a transformarlas en un gran centro de arte moderno metropolitano, inspirados por la magnífica Tate Modern. Una operación tan ambiciosa,requiere la obligada compañía de la Diputación y el ayuntamiento de Barcelona y, por supuesto, de la habitual recalificación urbanística que permita conseguir fondos mediante la construcción de cientos de pisos en primera línea de mar. Felizmente, la crisis inmobiliaria se ha encargado de malograr una operación que probablemente tenga poco que ver con lo que el barrio necesita.
En vez de pasearse por Londres, les recomendaría humildemente a los responsables municipales que fueran a visitar en Sao Paulo el maravilloso centro Sesc de Lina Bo Bardi. Un ejemplo de cómo reintegrar el patrimonio industrial a la vida comunitaria; cómo premiar a los barrios más humildes, por las molestias causadas, con equipamientos que suplan sus necesidades reales, que no son pocas.

El centro Sesc en Sao Paulo, diseñado por Lina Bo Bardi
Nos encontramos pues ante una magnífica oportunidad para recompensar a todos los habitantes de Sant Adrià que han sufrido la presencia de la central durante décadas, reconvirtiendo estas preciosas estructuras en espacios de uso ciudadano. Equipamientos de barrio, sin estridencias, sin pretensiones, sacando partido a su crudeza y contundencia, pero sin olvidar que no encontraremos en ninguna de las tres torres un solo gesto arbitrario.
Si quieren venir más turistas que vengan, pero no a costa de los de siempre.













Me ha gustado mucho tu escrito. Parece que haya sido un beneficio haber vivido cerca de la contaminación emitida por la central…. que menos que los políticos se interesen por recompensar a esa zona!!
Hace falta cambiar este sistema y convertirlo en algo más humano… algo donde las personas puedan decidir sobre sus vidas…y así los vecinos del barrio sobre el futuro de las instalaciones de la central.
Un saludo!
javi
PS: nos vemos en las calles: 23 de septiembre y 15 de octubre
Gracias Javi,
Por desgracia, la gran mayoría de los procesos de transformación urbana son muy poco participativos. Al menos, el ayuntamiento de Sant Adrià sometió a consulta el derribo de la central. Aunque no se le ocurrió preguntar a cada ciudadano qué se podría haber hecho con ella en caso de querer conservarla, que probablemente hubiera sido mucho más interesante. Las ciudades, incomprensiblemente, se construyen muy a menudo a espaldas de sus ciudadanos. Y como siempre, son éstos los encargados de darles la vuelta.
Saludos,
Gorka Marcuerquiaga, arquitecto
Adía de hoy siguen como están sin ninguna mejora ni utilización ciudadana, yo particularmente no soy partidario de la conservación de este monstruo que atenta contra el paisaje por no hablar de la ley de costas y aunque se haya convertido en un símbolo de nuestra ciudad y debemos aceptar la opinión de la mayoría sigo pensando que es una aberración es como querer recordar nuestra época nuclear conservando Ascó.
Un saludo cordial.
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